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Columnistas
18/03/2017

Legislativas de octubre

Los efectos y la incidencia de una polarización

Los efectos y la incidencia de una polarización | VA CON FIRMA. Un plus sobre la información.

El gobierno de Weretilneck afrontará por primera vez en su corta historia una elección legislativa nacional. En la anterior, ya siendo gobernador, su partido se mantuvo al margen. Analizamos como puede influir en la provincia una posible nacionalización de la elección.

Hernán D´Andrea

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Resulta evidente que el gobierno que encabeza el presidente Mauricio Macri, seguramente a partir de la catarata de problemas, desaciertos, “conflictos de intereses”, reconocimiento de errores y pedidos de disculpas, ha decidido polarizar las elecciones legislativas de octubre, apelando a la “terrible herencia” que recibió y apuntando a la expresidenta o al núcleo más duro del kirchnerismo e intentar plantear, con el apoyo de sus habituales canales de comunicación, que es aquel “populismo nefasto” o la “pulcritud con errores” de nosotros.

Esa suma de problemas y fuertes debilidades de la coalición gobernante y a sabiendas de que la contienda electoral será decisiva para su gobernabilidad, hizo que ya el 1 de marzo el presidente en su discurso ante la Asamblea Legislativa, diera el puntapié inicial de la campaña electoral.

Luego el “mejor equipo” de todos los tiempos se encargó de repetir con formas y gestos lo indicado por Durán Barba y plantean la disyuntiva entre “volver al pasado” y “profundizar el cambio”, aunque el gurú ecuatoriano la presentó más que como una elección como una opción “nosotros o el caos”, parece ser la consigna.

Sin dudas el mayor problema que tiene que afrontar electoralmente hablando, es la provincia de Buenos Aires, territorio decisivo en cualquier batalla. Sin embargo le será muy difícil combinar un discurso polarizante con una ausencia de movilización.

Pero este proceso de polarización va a incidir directamente en los resultados que puedan darse en distritos gobernados por partidos provinciales “independientes” como el caso de Río Negro y Neuquén, porque va a trascender las fronteras de la provincia de Buenos Aires y jugará su rol también en el resto de las provincias, o al menos en la mayoría de ellas.

Juntos Somos Rio Negro y el Movimiento Popular Neuquino no tienen un referente nacional explícito, más allá de que ambos gobernadores a partir de las serias dificultades financieras que se presentaron y la necesidad de afrontar la estabilidad y la gobernabilidad debieron apelar a tener un trato preferencial con el presidente y las autoridades nacionales.

El MPN tiene mucho más experiencia en este tipo de manejos, pero el oficialismo rionegrino debuta en estas lides y posiblemente atraviese una situación aún más compleja ya que carga con un pesado déficit y serias dificultades financieras.

Si bien en algún momento se analizó como una posibilidad el acercamiento electoral de Juntos a Cambiemos, en las últimas horas la especie fue nuevamente desmentida, en este caso por el vicegobernador Pedro Pesatti quien descartó, como en su momento lo hizo el propio Weretilneck, toda posibilidad de alianzas electorales con el Pro o con cualquier fuerza política nacional.

Sostuvo que “traicionaríamos las ideas que dieron origen a Juntos Somos Río Negro si nos aliáramos electoralmente con la fuerza política que hoy gobierna el país, porque Juntos es una fuerza política que nació para unir la provincia y expresar a los 700 mil rionegrinos y no a una parcialidad”.

Se ratificó en ámbitos del oficialismo rionegrino que la relación del gobernador con el presidente es estrictamente institucional y en beneficio de los intereses de la provincia.

El fenómeno de la polarización no es novedoso en la historia política nacional ni provincial, pero hay que estar preparado para afrontarlo.

En Río Negro por ejemplo, una situación de similares características se produce en 1989 con el fenómeno Menem que le infligió la primera derrota electoral al entonces poderoso radicalismo provincial y ganó la diputación Victor Sodero Nievas del justicialismo.

Y luego, si bien el radicalismo seguía acaparando triunfos en las elecciones a gobernador, perdía las legislativas nacionales resignando bancas a manos de su tradicional rival, el justicialismo.

En las elecciones legislativas nacionales de 2005 el PJ, con el Frente para la Victoria, ganó los comicios y llevó a la Cámara de Diputados a Julio Arriaga; en 2007, la concertación ganó la elección provincial, con la reelección de Saiz, pero volvió a perder las parlamentarias con el FpV que instaló en la cámara baja a Jorge Cejas y Lorena Rossi.

Un poco más acá, en 2009 el candidato del peronismo Oscar Albrieu le gana al radical Hugo Castañon las legislativas y comienza a observarse el decaimiento de la UCR que virtualmente empata el segundo lugar con el ARI.

La elecciones de 2011 y 2013 fueron rotundas a favor del Frente para la Victoria y comienzan a marcar el gran la debacle total del radicalismo provincial.

Como se sabe en la últimas parlamentarias del 2015 Weretilneck decide no jugar después de haber coqueteado con unos y otros y se impone nuevamente el FpV obteniendo dos de los tres diputados en disputa, Martín Doñate y Silvia Horne y segundo lugar Cambiemos que llevó a Sergio Wisky.

En esa oportunidad los votos en blanco superaron el 31 por ciento, constituyéndose en la segunda expresión electoral de la provincia.

Cuatro meses antes, el 14 de junio, el gobernador Alberto Weretilneck era reelecto al frente del Ejecutivo como candidato de la alianza Juntos Somos Río Negro, que lograba imponerse por 20 puntos al senador nacional Miguel Pichetto.

La novedad ahora es que por primera vez el partido del gobierno competirá en las legislativas nacionales.

Weretilneck seguramente tiene en cuenta estos antecedentes históricos y debería evitar una nacionalización y polarización provincial de la elección, sobre todo porque, por ahora, las divisiones existentes en todo el espectro político que conforman sus rivales indudablemente lo favorecen y las encuestas también, cualquiera fuese el candidato por el que se decidiese.

Su objetivo debería estar orientado en no seguirse pegando demasiado, más allá de lo meramente institucional y necesario, al gobierno nacional para poder gobernar con algo más de tranquilidad, y para que el electorado no lo confunda con una sociedad política o un acercamiento electoral, que, por otro lado, es lo que permanentemente pregona su rival más importante que es Martín Soria.

El mandatario provincial deberá apelar a su mayor capacidad para poder caminar por esa angosta línea y poder arribar en las mejores condiciones posibles a octubre.

Por supuesto que queda camino por andar e ir viendo que pasa finalmente y quienes son los que intervendrán en la compulsa. Si Cambiemos se arma o no. Si el Frente para la Victoria va con el frente Renovador de Massa o no, y si efectivamente Juntos Somos Río Negro podrá preservar esa identidad política que pretende.

29/07/2016

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